Meditar es dejar de perseguir y de escapar.

“La meditación no es para mi, me cuesta mucho concentrarme”. “Tengo demasiado en qué pensar como para poner la mente en blanco”. “Yo no tengo nada de espiritual”. Estas conclusiones -equívocas por cierto-, son sólo algunas de las que giran en el imaginario colectivo con respecto a la meditación. Pongamos un poco de luz sobre ello.

  • Meditar no es dejar la mente en blanco. De hecho, ni siquiera se trata de parar los pensamientos, sólo de ser conscientes de que ellos están ahí, que vienen y van, de observarlos y no identificarnos con ellos. Intentar no pensar -además de frustrante- resulta imposible.
  • Meditar es lo contrario a concentrar tu mente en algo para llegar a una conclusión. Meditar es salir de tu mente, observar los pensamientos con amabilidad y no persigue conclusiones ni objetivos de ningún tipo.
  • La meditación no es sólo para quienes siguen un camino espiritual. Aunque es cierto que las distintas tradiciones espirituales se han valido de diversas técnicas de meditación para alcanzar fines espirituales, hoy millones de personas en el mundo meditan sin pertenecer a ninguna religión.

Si tomamos las palabras de Osho, será más fácil entender de qué se trata la meditación: “Observar es meditación. Lo que observas es irrelevante… puedes observar los árboles, puedes observar el río, puedes observar las nubes, puedes observar a los niños jugando. El objeto no es el propósito, sino la calidad de tu observación, la cualidad de estar alerta y consciente. Eso es meditación. Cualquier cosa que hagas con presencia es meditación. La acción no es el asunto sino la calidad que le imprimes a tu acción. Caminar puede ser meditación si caminas alerta. Estar sentado puede ser meditación lo haces con presencia. Simplemente escuchar el ruido interior de tu propia mente puede ser meditación, si permaneces alerta y observador”.

Meditar no es detenerse, sino fluir.

Meditar es un estado de consciencia en el que somos simples testigos de nuestras sensaciones corporales, de nuestros pensamientos y emociones, pero sin identificarnos con ninguno de ellos y sin perseguir ningún objetivo o deseo. A diferencia de los procesos mentales que generan dualidad, la meditación unifica y nos hace parte del todo.

Cuando meditamos ejercitamos las actitudes de: sin apegos, sin deseos, sin buscar, sin forzar, sin querer cambiar nada, sin estar pendientes del pasado o del futuro, sin fijarnos limites, ni estrategias. Fluimos con plena consciencia sin interferir, sin discriminar y sin juzgar.

Aunque dicho así parece un estado -casi- inalcanzable para la mayoría de los mortales, la realidad es que todos podemos meditar y beneficiarnos de ello; sobre todo los que estamos rodeados de ruidos, de estímulos, de compromisos y de tareas. Sobre todo los que aún cuando tenemos un poco de “tiempo muerto”, buscamos distintas formas de escapar de nuestra soledad, de nuestros miedos y de nuestros diálogos internos e intentamos perdernos entre pasatiempos, distracciones y excesos.

Ahora sabemos que no tenemos que escaparnos de la vida para meditar, sino todo lo contrario. Nosotros mejoramos y nuestra vida también; la meditación nos enseña a estar armoniosamente centrados y con serenidad en cualquier situación, por más compleja que sea.

Además, sólo produce efectos positivos a corto y a largo plazo. En el corto plazo nos brinda sensación de paz interior y bienestar general; si mantenemos el hábito de meditar regularmente, a largo plazo, sentiremos mayor satisfacción y productividad en todos los ámbitos de la vida. Está probado científicamente que la meditación como hábito influye positivamente en diversos procesos fisiológicos y psicológicos, por ejemplo:

  1. Disminuye la ansiedad, el estrés y la depresión.
  2. Influye positivamente en todas las áreas del cerebro.
  3. Estimula el sistema inmunológico.
  4. Disminuye dolores y malestares.
  5. Aumenta de las emociones positivas.
  6. Incrementa la memoria y la atención.
  7. Mejora las facultades cognitivas y la percepción.
  8. Mejora las relaciones en todos los ámbitos.
  9. Favorece la empatía y la resiliencia.
  10. Facilita la creación de perspectivas en cualquier situación.

Todos estos efectos han sido comprobados. No se trata únicamente de sensaciones subjetivas, sino de una reacción positiva del organismo. En todo el mundo se está generalizando la práctica de la meditación; hay médicos que la recomiendan a sus pacientes, y entrenadores que la aconsejan a los deportistas para mejorar su rendimiento.

El día tiene 1440 minutos. Decide que es un estupendo momento para invertir unos pocos de ellos en ti, en tu bienestar y en tu calidad de vida física y emocional.

 

¡Que tengas un gran día!

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