La aceptación nos libera del sufrimiento.

“Yo hago lo mío, y tú haces lo tuyo.

No estoy en este mundo para satisfacer tus expectativas, y no estás en este mundo para satisfacer las mías.

Tú eres tú, y yo soy yo.

Si por casualidad nos encontramos, es hermoso.

Si no, no hay nada que debamos hacer”

Fritz Perls.

Existe un sufrimiento que no depende de nosotros, que es impuesto por las circunstancias externas; es un dolor inevitable que proviene de enfrentar los hechos y es “útil” porque nos hace crecer. El otro sufrimiento es el gratuito, es el que fabricamos nosotros mismos y se deriva de no querer ver ni aceptar la realidad; es un dolor inútil porque nos roba la paz y nos mantiene en un estado de permanente confusión.

Siempre estamos esperando del otro: que nuestra pareja cambie, que nuestros amigos estén de acuerdo con nosotros, que nuestros padres no se metan en nuestros asuntos, que nuestros hijos estudien más, que nuestro jefe mejore su carácter…Y ni hablar de nuestro fanatismo con la expectativa “macro”: que la situación mejore (o cuanto menos, que nos favorezca un poco), que se multiplique la oferta laboral, que nuestras horas puedan ser más productivas y que el mundo se detenga un rato a dejarnos llorar…

Cuando no aceptamos lo que pasa, ponemos demasiadas expectativas en los demás e intentamos cambiar a las personas porque ponemos resistencia para aceptar que -igual que nosotros-, también “son como son”, lo único que conseguimos es aumentar nuestra cuota de frustración.

Por el contrario, cuando si aceptamos la realidad tal como es, ahorrando esas falsas expectativas en el afuera, producimos un cambio interno que nos libera del sufrimiento. No esperamos nada y sólo aceptamos lo que es.

La aceptación es el puente que nos lleva del sufrimiento y la frustración a la paz interior. Nos conecta con nuestra condición de seres humanos falibles.

La expectativa motivadora y la expectativa detractora.

Por definición, la expectativa es “la esperanza de realizar o conseguir algo. La posibilidad razonable de que algo suceda.”

Por ello, no estamos hablando de eliminarlas, sino de aprender a generarlas de manera razonable-efectiva y, sobre todo, basadas en la realidad. Las expectativas son buenas siempre y cuando se producen de una forma coherente y limitada; cuando son incoherentes y excesivas sobre un ámbito de la vida o sobre una persona, como hemos visto, pueden causar mucho sufrimiento, mucha frustración, e incluso puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas.

Por ejemplo, esperar que mi jefe cambie su carácter porque YO estoy necesitando que lo cambie, es, cuanto menos, absurdo.

Tener expectativas es tener ese “motor” para trabajar en pos de los resultados que son importantes para nosotros, siempre que surjan a través de nuestros deseos más genuinos, de nuestra conexión con nosotros mismos. Sin ellas, o con expectativas creadas a partir de nuestros juicios (opiniones, creencias) sobre lo que es posible o lo que “debiera ser”, a partir de no aceptar la realidad tal y como es, entonces seremos eterna presa de la resignación y la indiferencia.

El primer paso entonces, es cuestionar los intereses que le dan origen a nuestras expectativas: ¿qué es lo que realmente me importa? ¿Es un deseo propio, o impuesto por la sociedad, la cultura y/o las costumbres? ¿Son deseos legítimos o son exigencias irracionales?.

Taller de felicidad. Aceptar la realidad tal y como es. Soltar el sufrimiento inútil.

La felicidad no viene de afuera, por eso nada exterior puede proporcionarla.

Basada en esta premisa, entre otras, es como concibe este taller Ana Berdún Fernández, creadora deEssentials Coaching, para ofrecernos la posibilidad de:

  • Promover el autoconocimiento. Conectar con lo que somos, con lo que nos toca, con lo que sucede y con lo que marca nuestro interior.
  • Reconectar con los valores profundos.
  • Aceptar. Salir de nuestra burbuja personal, de los propios juicios, valores y modelos es estar con “lo que es” y dejar de imponer la mirada de nuestro yo superficial.
  • Evitar el juicio previo. Entender que no existe ni lo bueno ni lo malo, solo existe lo que es. Evitar estados de conflicto interior.
  • Acompasar el movimiento natural de las cosas. Dejar de aferrarnos a expectativas infundadas e irracionales.
  • Aprender a generar expectativas reales, conectadas con los deseos, coherentes y que nos muevan a la acción y al logro de nuestros objetivos.

Hay hechos que podemos cambiar, pero hay otros que son inalterables. Cuando no está en nuestras manos modificar nada es porque lo que va a suceder, sucederá indefectiblemente, con o sin nuestra intervención, y con o sin nuestra capacidad de capitalizar esa experiencia.

Sobre todo, entender que desear una realidad distinta nos estanca en el sufrimiento, mientras que aceptar la realidad como es, nos deja en paz y nos permite transformarla verdaderamente.

La resistencia, cuya finalidad primera era la superación del acontecimiento doloroso, en la práctica acaba convirtiéndose en una carga añadida que obstaculiza la posible solución. Por un lado porque nos impide ver con claridad, pues nos priva de la calma y la lucidez necesarias para ver una salida; por otro, porque aunque podamos vislumbrar una salida, la energía interna necesaria para ponerla en práctica está siendo utilizada para paliar los efectos de la confusión.

Todo tiene su razón de ser en la vida, pero somos nosotros los que elegimos qué hacer con ello.

 

¡Que tengas un gran día!

Si quieres saber más acerca de los próximos talleres y sesiones, no dudes en ponerte en contacto conmigo.

Tel. 625 288 899
anaberduncoach@gmail.com

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