calcetinesAyer mi hija de cinco años leía tumbada en la cama. Con ese precioso ritmo lento de los nuevos lectores. Yo miraba sus pies con calcetines. Los deditos de sus pies se movían graciosos una y otra vez. Los piecitos se entrechocaban, se rascaban el uno al otro y luego el otro al uno mientras ella seguía totalmente atenta a su lectura.
Cuando estoy ante un momento así, lo dejo todo, me dedico a la contemplación y me doy cuenta de que mi corazón se recarga con esos escasos minutos dedicados integramente a la ternura.
No se te ocurra pasar de largo por momentos así. Simplemente párate y disfruta.